SERIES

NARCOS

Un éxito tan inesperado como merecido. Una vez que aceptas que Pablo Escobar hable español con acento guiri, lo demás viene rodado: acción, mafia, corrupción y un brutal retrato poliédrico de uno de los criminales más despreciables y fascinantes del pasado siglo. La tercera temporada es, simplemente, otra serie. Igual de trepidante –o más– en cuanto a las tramas pero sin el magnetismo del protagonista. En la cuarta cambia el país (Colombia por México) pero se vuelve al origen: de nuevo se construye un icono que rezuma violencia, inteligencia y una gran variedad de grises en temas morales. Y todo con el ritmo y la estética que ya son marca de la casa de este clásico moderno de Netflix

Nuestra crítica de Narcos: México

BLACK MIRROR

Cuesta encajar Black Mirror en una clasificación como esta, porque hay capítulos que merecerían luchar por los primeros puestos y otros que la sacarían a patadas de la lista. Los primeros tres episodios fueron los del puñetazo en la cara del espectador, los siguientes marcan esa irregularidad que camina sobre la cuerda floja entre la genialidad y el absurdo ambicioso. La última temporada cuenta con los hallazgos más profundos, gracias a una apertura a nuevos géneros y, sobre todo, a un acercamiento más humano, más ‘de verdad’, a los conflictos que plantea la tecnología.

Y de postre, todos los finales de Black Mirror: Bandersnatch

CALIFORNICATION

Ya lo sé, no es la mejor serie de la lista, pero para mí es un referente vital. Californicationtiene los diálogos más rápidos, lascivos, profundos, canallas, cañeros, románticos, ácidos, surrealistas, ofensivos y creativos que he visto nunca en televisión. Y aunque cuenta la vida de un escritor mujeriego, vicioso y tirando a acabado, también esconde una de las más bellas historias de amor. Como le pasa a muchas (y muchos) con Sexo en Nueva York, entre tanto cachondeo y aparente superficialidad subyace una conexión interna con el protagonista, una curiosa sensación que solo se da en las mejores ficciones de que en realidad están hablando de ti. De que Hank Moody no es David Duchovny, eres tú. Qué ganas de verme verla otra vez.

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